miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ay madre...

Hoy por la mañana parecía que hacía bonito. El sol en el cielo azul, limpio, brillante. Intenso como en Galicia no vemos y mi madre siempre dice echar de menos de Tenerife. Obviamente no, no haría calor. Pero... ¿por qué no ponerse minifalda? Así que, de minifalda, camiseta finita, medias y unas botas calentitas que me compré en estas tierras, me encaminé a la puerta. Iba a ponerme mi "abrigo de otoño", pero pensé que quizás el "abrigo de invierno" quedaría más bonito. Vale que no hacía suficiente frío para un anorak de montaña del Decatlon, pero si evitaba la "capa intermedia" y llevaba sólo la camiseta finita, sería suficiente. Además, es mucho más bonito: gris, violeta, azul... ¡dónde va a parar!

Salí fuera a por el bus con el abrigo abierto y sí, por supuesto... no hacía calor, pero tampoco frío. Bajo mi incapacidad absoluta de calcular correctamente la temperatura diré que haría unos siete u ocho grados. Genial para un nueve de noviembre en Letonia. Todos los nativos no paran de repetir que el año pasado por estas fechas ya había nieve. Así que... Where is the snow?

Avanzando el día recibí un aviso de carta, era un paquete. Lo iría a buscar en la pausa para la comida.
A la una salimos a comer y... me asaba. En ese momento del día en el que el sol todavía no había empezado a declinar (sí, aquí empieza a declinar a las dos)... un "sol de justicia" vamos... y yo con mi abrigo de invierno.

El centro comercial Valleta. Está  en el centro. :P

Fui a por el paquete a correos. Cinco quilos de amor maternal directamente enviado desde Coruña. Según mi madre, eso cabía debajo de un brazo. Del suyo quizás. Yo, que además de más baja, iba vestida con un abrigo gordito... me peleé con el paquete toda la tarde hasta que localicé un sitio donde aparcarlo en recepción.

Clases, clases, clases... trabajo, trabajo... a las siete y pico nos rendimos y abandonamos la sala de ordenadores (mac) dejando el segundo proyecto a medio montar. Sí, las siete y pico aquí es tarde. La biblioteca ya está cerrada y la gente está en franca retirada

Ahora me venía la duda... ¿más de tres kilómetros a pata o ir a la parada, que está en dirección contraria, a ver si hay buses pronto? Fui en un principio a la nueva parada y en esto que sí, pasa un bus... de una línea que no me interesa... el que sí me interesa pasa en... veinticinco minutos. Damnit!

En fin, a volver andando. Además, recordé que tenía que pasar por el súper que me he quedado sin ciertos alimentos básicos (embutido, queso y leche deshidratada con chocolate... algún día os hablaré de este descubrimiento). Súper que queda a mitad de camino... no queda otra,  a volver andando.

Cero grados, cero.


Por el camino me crucé con el centro comercial. En lo más alto del edificio tienen uno de esos letreros luminosos que te informan de la fecha, la hora y la temperatura actual (con mayor o menor precisión). La hora, más o menos las siete y media (ya sabéis, soy española y aún encima gallega, la precisión y la puntualidad no son lo mío). Y a esa hora, ya noche cerrada desde hacía bastante. Al parecer en ese momento la temperatura era de cero grados. Exactos. 

En fin, no estaba mal, realmente no tenía frío y la noche estaba preciosa. Despejada y con una enorme luna llena en el cielo. Si no fuera por cargar con el paquete ni me hubiese dudado el paseo. Pero...

Intentad pensar en la situación. Iba vestida con un abrigo de invierno de montaña, cargando un paquetón de cinco quilos que se me iba escapando por todos  lados y mantenía en tensión todos los músculos de mi mitad superior, una bolsa del súper (que milagrosamente sólo llevaba aquello que había ido a comprar y un paquete de caramelos) y una bolsa de clase con toda clase de variados y pesados objetos (en los que he de incluír el termo del té, por ejemplo).... tres kilómetros y medio.

A pesar del aparente frío, de ir con minifalda... iba sudando como un ceporrillo.

La resi por fuera. De noche. Tirando del ISO 1600 de la cámara...

Llegué a la resi, me despojé del bolso, del abrigo... respiré... y me dispuse a abrir el paquete.

Capas y capas de papel de embalar y cinta adesiva. Debajo, una larguísima cuerda atada con tanta precisión y  arte que te recuerda al bondage... (mamá, ¿dónde has aprendido tú a atar así?) Tras más de diez minutos (no es coña ni exagero) de pelearme con la cuerda (quién sabe, a lo mejor me es útil más adelante para volver a cerrar paquetes) por fin lo abro.

Había pedido un vestido para el baile de navidad. Uno, específico, el marron. Y los zapatos a juego, unas medias y el fular. Nada más. En el paquete, sólo por empezar, venían DOS conjuntos completos de fiesta (bueno, sólo un par de zapatos).

¿Acetilcisteína? ¿Un mucolítico? ¡Pero si ya tengo una farmacia montada en el cajón de la mesilla de noche! En serio, no me cabe una sola pastilla más.

¿Pañuelos monos? La polaca me comentó que su madre también le había mandado pañuelos. "Me alegra descubrir que mi madre no es tan rara." En serio, aquí venden pañuelos... en serio.

Una caja de chinchetas... ¿ein?

Un paquete de fideos instantáneos del Mercadona.... los fideos instantáneos más caros que habré comido en mi vida.

Lo más deprimente, un montón de ropa nueva talla M. En serio, mami, yo sé que tú me quieres y tal, pero, ¿en serio? ¿talla M? ¿es terrorismo adelgazante? Porque te recuerdo que cuando me fui pesaba 72 quilos y por mucho que camine los tres kilómetros a la uni, no he bajado tanto. De la falda, al probarla, el botón salió disparado (sic) y la camisa queda reventona.

También me encontré con la camisa blanca de rallas azules bautizada por mí cariñosamente como "mi camisa de las entrevistass de trabajo" o simplemente "camisa de secretaria".

Un bolso, medias, "bragas de abuela" que sospecho que también me quedarán pequeñas, una camiseta interior... si hasta me sorprende que el paquete sólo pesase cinco quilos.

A ver cómo demonios vuelve todo esto a España...

PD: la pausa intensa se debe a que Blogger me comió descaradamente media entrada de la visita al médico. De la frustración se me quitaron las ganas de escribir... jo.

jueves, 6 de octubre de 2011

Visita al médico

(AVISO: las fotos del hospital que están en esta entrada no son mías. Hoy no llevé la cámara conmigo y no pude sacar ninguna. Son de la web del hospital.)

Llevo una semana con el oído derecho taponadísimo. al principio pensaba que era por que mi muela del juicio estaba dando "un empujoncito". Durante dos días ahí estuvo todo el lado derecho de la cara doliendo (por suerte, tenía una buena provisión de ibuprofeno que me ayudó a no andar sufriendo mucho).

Imagináoslo nublado y lloviendo un  poco.

A los dos tres días dejé el ibuprofeno, con la inocente creencia de que la hinchazón/loquesea del oído bajaría en un par de días. Cuando vi que la cosa no parecía mejorar, y que además cuando estaba en sitios ruidosos y tal me dolía (como el oktoberfest de pega que tuvimos en la resi), decidí que me rendía y que iría a visitar a un médico.

Ahí empieza la aventura. Primero fue pasarme por la oficina del médico angloparlante que nos recomendaron en la oficina de relaciones internacionales. Rendirme me llevó dos días de pasarme por allí sin que hubiese nadie. Así que me pasé por la oficina de recepción de Erasmus y muy amablemente llamaron para pedirme cita.

Hoy, a las 12:20 tenía la cita. Me levanté picándome la garganta (empezaba ya bien la cosa) y a lo  largo del día... ¡sorpresa! también me empezó poco a poco a doler las muelas inferiores del lado derecho... va a ser que no es un empujón de las muelas.

En fin, voy a la consulta. Por suerte está prácticamente al lado de la resi. Una doctora de unos cuarenta y tantos me atendió amablemente y... me derivó a un especialista. Me recomendó un otorrinolaringólogo de un hospital cercano. Ah, y me clavó 5 lats (7€) por la visita...

Primero volví a la resi a mirar en el Google Maps, vale, Vidzemes slimnīca...

Un paseillo, vamos

En fin... llegué allí en unos 15 minutos de paseo. No había llegado a ir nunca por esa parte, resulta curioso ver que esta ciudad es  una sorpresa tras otra. Cuando piensas que te estás adentrando en el bosque de las afueras... ¡plam! tres bloques de edificios, y luego bosque otra vez.

El hospital por fuera parecía estar medio en obras. Ya sólo al verlo lo en la distancia lo supe... iba a perderme. Lo pensé en broma, en un principio. Pero lo gracioso fue que me constó hasta encontrar la entrada principal.

No, no tenía las florecitas... sólo a un viejo en pijama fumando.

martes, 27 de septiembre de 2011

Papeleria en Valmiera

Leti: "A ver, ¿qué puedes ofrecerme?"
Papelería: "Pues mira, tengo una extensa colección de libretas. Fíjate, son bien bonitas."
L: "Cierto, cierto. Pero estas son cuadriculadas. ¿Dónde están las ralladas?"
P: "Creo que en ese estante."
L: "¡Pero si esas son pautadas! Dije ralladas, no pautadas..."
P: "Eeemmm... hay más..."
L: "Anda... tienes pauta Montessori ¿y no tienes ralladas?"
P: "Esa de ahí es rallada, creo."
L: "Sí, lo es, pero es de tamaño cuartilla... ¿es la única que tienes?"
P: "Sí, quejica..."
L: "En fin... al menos tendrás libretas de hojas en blanco... ¿no?"
P: "..."
L: "¿¿¿Lo único que tienes con hojas en blanco es este bloc con pegatinas en la portada???"
P: "Heche o que hai."
L: "Joder... 1,09 lats... "
P: "¿Qué tienes en contra de las hojas cuadriculadas?"
L: "Que tienen la línea de la cuadrícula muy oscura y se confunde con la del boli. Además, estoy haciendo chino, lo último que necesito es hojas con cuadrícula de 4 mm tan oscura que confunde los ideogramas."
P: "Pues tendrás que llevarte la de las pegatinas."
L: "Mierda..."


Con pegatinas sūper monas...
Dos días después tras pasearme por todas las papelerías del centro... encontré un paquete de l00 folios rallados... le he ganado la partida a la papelería... ¡ja!

(El blog de Leti, el único sitio que puede tener las etiquetas "práctico" y "chorrada" en una misma entrada...)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Y por fin llegó el otoño.

Hojitas cayendo

Ayer, según el calendario, había empezado el otoño, pero la verdad, frío, lo que es frío, no hacía. Salí a las 8, siendo ya de noche, al súper que está como a un kilómetro de la residencia vestida sólo con unos vaqueros de verano, una camiseta fina y una sudadera. Y tan tranquila.

No entiendo a la gente aquí, en serio. Según llegué, el 30 de agosto, hubo momentos en los que a pesar de estar en camiseta de manga corta y tener calor, veía a niños embutidos en abrigos de invierno con bufanda. ¡Y se supone que ellos saben lo que es el frío de verdad! Pues ayer igual, en teoría unos 17 grados y la gente con abrigos... Empiezo a pensar que esto es como en Madrid, que tanta calefacción y tanto aire acondicionado los vuelve "blandos" a las temperaturas extremas. Recuerdo aquella compañera de trabajo madrileña que se moría de calor y yo le decía "¿pero tú  no eres de Madrid? ¡si allí en verano te asas!" y ella me respondió "Qué va, en Madrid en verano, 18 grados en todas partes." Nada, o eso o es que los gallegos somos duros de verdad y yo no lo sabía. (Me enteraré de verdad en diciembre, si muero, entonces va a ser que no.)

Sin embargo... sin embargo hoy la cosa cambió. Sólo un poco en realidad.

Al salir de la residencia pensé que me llegaría con una chaquetita fina y un floulard (y me llegó, que estaré más allá del norte, pero sigo siendo una chicarrona del norte, jaja). Y a pesar de todo...

El "patio" delantero de un colegio. El de atrás parece un bosque (ojalá en España nos comiésemos en asfalto con patatas y dejásemos a los niños corretear entre árboles y sobre césped, el "patio" de este cole da muchísima envidia)

... y es que parece que el otoño ha decidido entrar, es cierto.

Cuando salía de la universidad (aquí de la biblioteca te echan a las siete de la tarde...) empezó a llover. Abrí mi paraguas y pensé que hacía fresquillo y si me mojaba iba a pasar frío. Pero... tuve un arrebato y en vez de ir por Rigas iela (la calle principal) decidí ir por ese caminito que descubrí investigando y me resulta mucho más acogedor.

No me equivoqué. La estampa otoñal más hermosa, más de postal, que me había cruzado en mucho tiempo de camino a casa, así da gusto.


Llovía, muy poco, muy suave. A cada arrebato de viento, las hojas de los árboles perennes caían como en una lluvia de color castaño. Lenta, delicada. El sonido, esa suavidad entre las ramas. Mágico.

Por no hablar del olor. Esa mezcla entre piedra, hierba, corteza y musgo mojados. ¡Y también olía a fuego! Ese olor a madera quemada en el aire que yo sólo soy capaz de relacionarlo con un incendio forestal, aquí, en realidad, no es más que el olor de las chimeneas encendidas.

Otoño, otoño de verdad. Corto, pero intenso.

El otro día incluso me cayó una bellota en el hombro. Me hizo daño.

¿Blog?

Creo que voy a escribir un blog. Pondré fotos, escribiré tonterías y cosas que hasta puede que resulten interesantes a alguien.

Quizás quienes más lo lean sean personas cercanas a mí. Y también algún despistado que quiera informarse sobre Letonia y/o Valmiera. Es que no hay un maldito blog, entrada, hoja... algo sobre Erasmus en Valmiera y en español. Nada. (Así que si llegas aquí buscando información sobre una de las opciones que te salieron para el Erasmus... bueno, no sé si te servirá de algo, pero bueno, puede que sí.)

En realidad escribo esto para no tener que repetirme. Es lo que tiene tener familia y amigos, que todos quieren saber de tu vida. Te repites y acabas hasta las narices de contar lo mismo.

En fin, me presento. Soy una persona nerviosa, tímida, cortada, tengo miedo al futuro, a la gente, al qué dirán, soy insegura y me amedrento con facilidad.

...

Y, sin embargo, también soy optimista, sonrío, lo intento, me lanzo, disfruto, me alegro, soy curiosa y no suelo retenerme a intentar algo nuevo.

Soy una soñadora.