Salí fuera a por el bus con el abrigo abierto y sí, por supuesto... no hacía calor, pero tampoco frío. Bajo mi incapacidad absoluta de calcular correctamente la temperatura diré que haría unos siete u ocho grados. Genial para un nueve de noviembre en Letonia. Todos los nativos no paran de repetir que el año pasado por estas fechas ya había nieve. Así que... Where is the snow?
Avanzando el día recibí un aviso de carta, era un paquete. Lo iría a buscar en la pausa para la comida.
A la una salimos a comer y... me asaba. En ese momento del día en el que el sol todavía no había empezado a declinar (sí, aquí empieza a declinar a las dos)... un "sol de justicia" vamos... y yo con mi abrigo de invierno.
| El centro comercial Valleta. Está en el centro. :P |
Fui a por el paquete a correos. Cinco quilos de amor maternal directamente enviado desde Coruña. Según mi madre, eso cabía debajo de un brazo. Del suyo quizás. Yo, que además de más baja, iba vestida con un abrigo gordito... me peleé con el paquete toda la tarde hasta que localicé un sitio donde aparcarlo en recepción.
Clases, clases, clases... trabajo, trabajo... a las siete y pico nos rendimos y abandonamos la sala de ordenadores (mac) dejando el segundo proyecto a medio montar. Sí, las siete y pico aquí es tarde. La biblioteca ya está cerrada y la gente está en franca retirada
Ahora me venía la duda... ¿más de tres kilómetros a pata o ir a la parada, que está en dirección contraria, a ver si hay buses pronto? Fui en un principio a la nueva parada y en esto que sí, pasa un bus... de una línea que no me interesa... el que sí me interesa pasa en... veinticinco minutos. Damnit!
En fin, a volver andando. Además, recordé que tenía que pasar por el súper que me he quedado sin ciertos alimentos básicos (embutido, queso y leche deshidratada con chocolate... algún día os hablaré de este descubrimiento). Súper que queda a mitad de camino... no queda otra, a volver andando.
| Cero grados, cero. |
Por el camino me crucé con el centro comercial. En lo más alto del edificio tienen uno de esos letreros luminosos que te informan de la fecha, la hora y la temperatura actual (con mayor o menor precisión). La hora, más o menos las siete y media (ya sabéis, soy española y aún encima gallega, la precisión y la puntualidad no son lo mío). Y a esa hora, ya noche cerrada desde hacía bastante. Al parecer en ese momento la temperatura era de cero grados. Exactos.
En fin, no estaba mal, realmente no tenía frío y la noche estaba preciosa. Despejada y con una enorme luna llena en el cielo. Si no fuera por cargar con el paquete ni me hubiese dudado el paseo. Pero...
Intentad pensar en la situación. Iba vestida con un abrigo de invierno de montaña, cargando un paquetón de cinco quilos que se me iba escapando por todos lados y mantenía en tensión todos los músculos de mi mitad superior, una bolsa del súper (que milagrosamente sólo llevaba aquello que había ido a comprar y un paquete de caramelos) y una bolsa de clase con toda clase de variados y pesados objetos (en los que he de incluír el termo del té, por ejemplo).... tres kilómetros y medio.
A pesar del aparente frío, de ir con minifalda... iba sudando como un ceporrillo.
| La resi por fuera. De noche. Tirando del ISO 1600 de la cámara... |
Llegué a la resi, me despojé del bolso, del abrigo... respiré... y me dispuse a abrir el paquete.
Capas y capas de papel de embalar y cinta adesiva. Debajo, una larguísima cuerda atada con tanta precisión y arte que te recuerda al bondage... (mamá, ¿dónde has aprendido tú a atar así?) Tras más de diez minutos (no es coña ni exagero) de pelearme con la cuerda (quién sabe, a lo mejor me es útil más adelante para volver a cerrar paquetes) por fin lo abro.
Había pedido un vestido para el baile de navidad. Uno, específico, el marron. Y los zapatos a juego, unas medias y el fular. Nada más. En el paquete, sólo por empezar, venían DOS conjuntos completos de fiesta (bueno, sólo un par de zapatos).
¿Acetilcisteína? ¿Un mucolítico? ¡Pero si ya tengo una farmacia montada en el cajón de la mesilla de noche! En serio, no me cabe una sola pastilla más.
¿Pañuelos monos? La polaca me comentó que su madre también le había mandado pañuelos. "Me alegra descubrir que mi madre no es tan rara." En serio, aquí venden pañuelos... en serio.
Una caja de chinchetas... ¿ein?
Un paquete de fideos instantáneos del Mercadona.... los fideos instantáneos más caros que habré comido en mi vida.
Lo más deprimente, un montón de ropa nueva talla M. En serio, mami, yo sé que tú me quieres y tal, pero, ¿en serio? ¿talla M? ¿es terrorismo adelgazante? Porque te recuerdo que cuando me fui pesaba 72 quilos y por mucho que camine los tres kilómetros a la uni, no he bajado tanto. De la falda, al probarla, el botón salió disparado (sic) y la camisa queda reventona.
También me encontré con la camisa blanca de rallas azules bautizada por mí cariñosamente como "mi camisa de las entrevistass de trabajo" o simplemente "camisa de secretaria".
Un bolso, medias, "bragas de abuela" que sospecho que también me quedarán pequeñas, una camiseta interior... si hasta me sorprende que el paquete sólo pesase cinco quilos.
A ver cómo demonios vuelve todo esto a España...
PD: la pausa intensa se debe a que Blogger me comió descaradamente media entrada de la visita al médico. De la frustración se me quitaron las ganas de escribir... jo.
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